Ayudar a los ‘Dreamers’ también ayudaría a Donald Trump

Los seguidores de Trump hostiles a la inmigración adoran las deportaciones. No así la mayor parte de los estadounidenses. Es por eso que una política humanitaria en relación con los dreamers sería una medida muy inteligente.

(Bloomberg View).- El presidente estadounidense Donald Trump deslizó el jueves en conferencia de prensa que aún podría revelar una sorpresa sobre la suerte de los “Dreamers” (soñadores), los inmigrantes indocumentados que llegaron a los Estados Unidos en su infancia. Si favorece a los dreamers, podría ser una jugada inteligente.

La máquina deportadora de Trump se aceleró esta semana y pronto resultó contraproducente. Agentes de inmigración detuvieron en una audiencia judicial en El Paso a una mujer que quería obtener una orden de protección contra un novio violento.

Fue un ejemplo de manual de por qué los funcionarios locales que velan por el cumplimiento de la ley dudan en cooperar con los agentes de inmigración federales. No hay un solo inmigrante indocumentado en El Paso o en Texas –y muy posiblemente en todo el país- que no se muestre ahora renuente a denunciar un delito o a comparecer como testigo. La seguridad pública está en peligro.

La política de Trump se basa no solo en la seguridad sino también en la discriminación. El presidente Barack Obama buscaba deportar a los delincuentes. También Trump. Pero en su reciente decreto se redefine a todo inmigrante indocumentado como un delincuente. Está abierta la temporada de caza de todo tipo de inmigrantes indocumentados, incluso de aquellos que buscan órdenes de protección. (Ya ha caído en la trampa por lo menos un dreamer.)

La inmigración ilegal, curiosamente, presenta ciertas similitudes con el aborto en la política de los Estados Unidos. Los estadounidenses aprueban algunos, pero no necesariamente muchos. Durante la campaña presidencial, Hillary Clinton prometió mucho al dar a entender de forma muy persuasiva, y tal vez hasta contraproducente, que no le interesaban las deportaciones.

“No deportaría a niños”, dijo Clinton al conductor televisivo de Univision Jorge Ramos. “Tampoco quiero deportar a miembros de una familia, Jorge”.

Trump avanzó mucho en la dirección opuesta, por supuesto, al despreciar a los mexicanos, exagerar los delitos violentos por parte de inmigrantes y prometer, si bien de forma inconsistente, deportaciones masivas.

Los seguidores de Trump hostiles a la inmigración adoran las deportaciones. No así la mayor parte de los estadounidenses. Es por eso que una política humanitaria en relación con los dreamers sería una política muy inteligente por parte de Trump.

“La situación de la Acción Diferida para los Llegados en la Infancia (DACA por la sigla en inglés) es algo que me resulta muy difícil porque quiero a esos niños. Adoro a los niños”, dijo Trump en la conferencia de prensa. “Tengo hijos y nietos, y me resulta muy difícil hacer lo que la ley establece que debe hacerse. La ley es muy dura”.

Los dreamers le ofrecen a Trump la oportunidad de distanciarse del estereotipo. Las declaraciones que hizo sobre los dreamers en la conferencia de prensa fueron sin duda el único momento amable y sin rastros de egoísmo de todo el espectáculo. Hasta Trump parece reconocer que no hay una justificación legal, moral ni política para deportar a personas cuyo único delito fue atravesar la frontera en su infancia.

El diario Los Angeles Times informó ayer que colaboradores de Trump buscan la forma de deportar a los dreamers sin que Trump tenga que anular el decreto de Obama que les permite permanecer en el país y obtener permisos de trabajo.

“Esa búsqueda sugiere que la Casa Blanca vacila en apuntar abiertamente contra un grupo bien organizado de inmigrantes que cuenta con una importante cuota de respaldo en la opinión pública –comprendido el presidente Obama- y por el cual Trump ha dado muestras de solidaridad”, señaló el diario.

Toda idea de que la opinión pública no atará cabos entre la deportación y el político que se identifica de forma más abierta con las deportaciones es una fantasía. Se hará responsable a Trump de todas las calamidades que puedan experimentar todos y cada uno de los dreamers.

Pero Trump podría proteger a los menos de 800.000 dreamers que se han registrado para solicitar permisos de trabajo sin mayor costo político entre sus seguidores, los cuales, de todos modos, conseguirán muchas deportaciones, tal vez millones. Habrá muchas imágenes de madres e hijos llorosos que demostrarán que Trump está infligiendo el dolor que con tanta insistencia prometió.

Proteger a los dreamers tendría sus ventajas políticas. Podría restar algo de fuerza a las protestas de quienes apoyan la inmigración. Por otra parte, moderaría el desagradable torrente de autocompasión y rabia que fluye a diario de la Casa Blanca. Transmitiría al votante distraído no republicano el mensaje de que Trump tiene cualidades que pueden ser útiles: un corazón humano y la capacidad de pensar en alguien más que en sí mismo.

Por Francis Wilkinson

Esta columna no necesariamente refleja la opinión de la junta editorial ni de Bloomberg LP y sus dueños.

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