Julio Ramón Ribeyro hijo recuerda una niñez con Cortázar, Vargas Llosa y Alfredo Bryce en la sala

Hoy se cumplen 20 años del deceso del escritor Julio Ramón Ribeyro. Su hijo, Julio, lo recordó en esta entrevista.

Nancy Portugal Prado
nancy.portugal@diariogestion.com.pe

Cortázar, Westphalen, Hinostroza, Vargas Llosa y Alfredo Bryce; todos pasaron por la casa de Julio Ramón Ribeyro en un momento dado. Julio, su hijo, recuerda haber tenido una niñez serena y normal. Los sábados eran para ir a comprar pasta con su padre y preparar spaghettis al pesto. Y las noches, para recibir amigos.

“El ámbito profesional de mi padre era el de los escritores. Teníamos escritores en casa. Lo que puede parecer algo muy extraordinario para otra gente, para mí era algo muy normal”, revela.

“A los escritores les gustaba conversar hasta tarde. Quizás unos se quedaban hasta más tarde que otros. No quiero delatar a nadie, pero quizás Hinostroza podría ser de esos que se quedaban hasta más tarde”, recuerda.

El hijo del autor de “La palabra del mudo” da un anuncio: el próximo año se podrán encontrar casi todos los títulos del autor en las librerías. Desde “La tentación del fracaso” hasta “Casa sutil”, empezarán a llegar en marzo y para diciembre del 2015 todo estará disponible. Todo, excepto los tomos de los diarios de su padre que aún no se han publicado y que él y su madre guardan hasta encontrar un editor capaz de comprender lo que Ribeyro quiso transmitir.

“Habría que encontrar a la persona adecuada que pueda corregir los diarios y editar, una etapa que podría involucrarme a mí, a mi madre y a algún escritor. Significa un trabajo muy colosal y siendo lo último que se podría publicar de mi padre, no me gustaría hacerlo mal”, confiesa.

Son precisamente los diarios los libros con los que más se identifica Julio. “Yo creo que le pasa a cualquier joven, sobre todo con la primera parte. Están las dudas de los jóvenes artistas que primero piensan que se equivocaron de profesión y luego que no y están eufóricos; su voluntad de seguir adelante con un trabajo que parece tan inmenso, las dudas, la pereza, la bohemia”.

Su padre se comunicaba con él a través de libros. Así le enseñó a no juzgar. “Es un consejo que nunca me dijo. Me dio un texto sobre la tolerancia y cómo no hay que rebajar una cultura para sobreponer otra. También lo hizo con su actitud. Nunca dijo nada malo de alguien”, destaca.

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