¿Quién decide cuáles serán los próximos emoji que aterrizarán en tu smartphone?

Detrás de las pequeñas imágenes que alegran y completan cualquiera de las frases que escribimos en nuestro teléfono inteligente se esconde un arduo proceso lleno de papeleo y largas esperas.

¿Qué sería de las conversaciones de WhatsApp si no pudiéramos mostrar nuestros sentimientos más profundos con una cara sonriente, un corazón o la ‘expresiva’ berenjena? Lo cierto es que estos y otros emoji se han instalado en nuestras vidas sin apenas hacer ruido y han alcanzado tanta relevancia que incluso uno de ellos logró convertirse en la palabra del año 2015.

Aunque apps de mensajería y redes sociales han puesto a disposición de sus clientes una amplia variedad, los usuarios parecen no tener nunca suficiente y las solicitudes para ampliar la familia emoji no han dejado de sucederse (como la que formalizó -y mediatizó- un humorista valenciano empeñado en sumar al catálogo de comidas la típica paella).

A pesar del apoyo y el interés que despiertan algunas de las propuestas, estas expresivas imágenes no pueden aparecer en los teclados de nuestros smartphones así como así: primero tienen que pasar por el tamiz del Consorcio Unicode,una organización sin ánimo de lucro cuyo Comité Técnico, compuesto por voluntarios directamente relacionados con la industria tecnológica, decide cuáles formarán parte de la siguiente generación y cuáles no.

Cualquier persona que quiera incorporar un nuevo emoji al amplio abanico ya disponible tiene que elevar una petición formal a este organismo para que lo evalúe y, si lo considera oportuno, finalmente lo incluya en una de sus siguientes actualizaciones.

El largo de las caritas sonrientes
Ahora bien, no es tan sencillo como parece en un principio y este proceso de estandarización puede durar meses o incluso años ya que el Comité Técnico realiza un escrutinio pormenorizado de cada una de las solicitudes. Al fin y al cabo no es asunto baladí, ya que estos dibujos ilustrarán las conversaciones de millones de personas y han de ser entendidos sin grandes problemas en todos los idiomas.

Cada una de las propuestas de incorporación debe incluir, además de un diseño del aspecto que se espera que tenga el emoji, un escrito en el que se describa por qué es necesario (si cubrirá una necesidad comunicativa real), si se empleará con una frecuencia que justifique su creación (la clave la tendrán herramientas como Google Trends) y los múltiples significados que se le podrían dar (por ejemplo, el que representa una araña se empleará para hacer referencia tanto al insecto como a sentimientos relacionados con el miedo o, incluso, el asco). También se deberá demostrar que no puede sustituirse por otro ya existente que sea parecido (quizás se pueda prescindir de la imagen de un vaso lleno de batido de chocolate si ya hay una de un vaso de café).

En ocasiones, una razón muy poderosa para convencer al Consorcio Unicode es proponer la incorporación de algunos que completen una serie aún inconclusa (como la de los signos del zodiaco). Otras veces, se añaden nuevos candidatos que no cumplen ciertas condiciones porque el número de peticiones que se reciben es muy elevada (sería el caso del unicornio que recientemente ha desembarcado en nuestros teclados).

Desde junio del año pasado los emoji que están en vigor son los que forman parte de la versión 8.0 de Unicode, pero este organismo ya tiene en la recámara la 9.0, que llegará a mediados de este año e incluirá la ansiada -y no exenta de polémica por su ‘receta’ virtual- paella.

Diario Expansión de España
Red Iberoamericana de Prensa Económica (RIPE)

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