¿Ejercicios en la oficina? Por qué las empresas deberían promover el ‘fitness’

Hacer ejercicios en la oficina no es una idea nueva. Pero es una práctica donde todos ganan –en términos de salud, moral y productividad.

Los empleados activos y sanos faltan menos días al trabajo por enfermedad.
Los empleados activos y sanos faltan menos días al trabajo por enfermedad.

Según las estadísticas de mortalidad en Estados Unidos, las tres principales causas de muerte en ese país son las enfermedades cardíacas, el cáncer y las enfermedades respiratorias crónicas. En conjunto, estas enfermedades mataron a más de 1.31 millones de estadounidenses en el 2011.

Muchísimas de estas muertes pudieron prevenirse. No es ningún secreto que ejercitarse con frecuencia y tener una buena dieta puede reduce drásticamente las tasas de enfermedades cardíacas. Sin embargo, casi el 80% de los adultos estadounidenses no realizan la cantidad recomendada de ejercicio por semana (2 horas y media de actividad aeróbica moderada o 1 hora y 15 minutos de actividad vigorosa).

En vista de la importancia de ejercitarse para la salud en general, creo que vale la pena echar un vistazo al único sitio donde casi todos nosotros pasamos una buena parte de nuestra vida: el lugar de trabajo. Mis observaciones son anecdóticas –extraídas de experiencias en mi propia compañía– pero creo que las lecciones aprendidas puedan aplicarse de manera más amplia, escribe Ryan Holmes en su artículo publicado por Business Insider.

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En mi oficina –somos una empresa de tecnología con unos 700 empleados enfocados en medios sociales– se promueve el ejercicio antes, durante y después de las horas de trabajo. Cuando nos mudamos a una nueva sede hace varios años, se instaló un pequeño gimnasio y sala de yoga, así como duchas y vestuarios. Las instalaciones son modestas en comparación con las de otras empresas, pero son bien utilizadas.

Las clases de yoga están llenas antes del trabajo, en el almuerzo y después del trabajo. En el gimnasio, algunos empleados voluntariamente dirigen esforzadas clases de gimnasio y entrenamiento. También hay grupos que se organizan para salir a correr, montar bicicleta o practicar algún deporte después de la oficina.

Pero, cuando se trata de promover lo fitness en el trabajo, tener instalaciones aparentes y equipos organizados como éstos son apenas una necesidad, pues es mucho más importante tener una cultura de trabajo adecuada. Antes de mudarnos, nuestra startup estaba en una oficina en la parte industrial de la ciudad y no teníamos presupuesto para instalar un gimnasio (de hecho, ni siquiera teníamos teléfonos).

Lo que si teníamos era pelotas de yoga y un fierro en la pared para hacer barras. Además, animábamos a los empleados a ir al trabajo en bicicleta, a pesar de que eso significaba abarrotar la entrada de nuestra oficina con bicicletas porque era algo peligroso dejarlas afuera. También acordamos que cualquier persona podía tomarse una hora para hacer ejercicio durante la jornada, siempre y cuando esto no interfiera con las reuniones y se cumpla con el horario (por ejemplo, podían almorzar en sus escritorios).

Me imagino a que los gerentes más tradicionales no les deben gustar mucho estas prácticas. El trabajo del gerente, después de todo, es conseguir resultados de los empleados y no mantenerlos en forma. Pero incluso en un nivel muy práctico, permitir y alentar a los empleados a ejercitarse en el trabajo tiene mucho sentido. Veo empleados que regresan de su entrenamiento, frescos y más enfocados en sus labores. El tiempo ‘perdido’ en hacer ejercicios se recupera y con creces en términos de mejora de la productividad.

Hay algunas investigaciones que apoyen esta tesis. Un estudio presentado en el American College of Sports Medicine, por ejemplo, encontró que los trabajadores que pasaron 30-60 minutos ejercitándose a la hora de almuerzo reportaron un alza promedio de rendimiento del 15%.

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El 60% de los empleados dijo que sus habilidades de gestión del tiempo, rendimiento mental y capacidad de cumplir con los plazos, mejorados en los días que hacían ejercicios. Además, los trabajadores en el estudio que se ejercitaban tenían menos probabilidades de sufrir bajas de energía luego de almorzar y mencionaron mejoras en el estado de ánimo.

Luego están los beneficios a largo plazo que hay que tener en cuenta. Los empleados activos y sanos faltan menos días al trabajo por enfermedad y traen más energía a la oficina. Un estudio del 2011 publicado en el Journal of Occupational & Environmental Medicine mostró que incluir solo dos horas y media de ejercicio por semana en la jornada laboral resultaba en una notable reducción de las ausencias. Lo más importante es quizás que los trabajadores sanos y en forma son menos propensos a exactamente los tipos de enfermedades prevenibles que tanto daño causan a las familias y a la sociedad.

Dejando lo personal de lado, no creo que hubiera podido llevar a mi empresa a donde está ahora sin hacer ejercicios regularmente. Durante los últimos seis años, hemos crecido de siete empleados a ser una operación global con oficinas alrededor del mundo. Ha sido un viaje divertido, pero no exactamente el más tranquilo.

Al principio, yo era responsable de todo, desde el marketing y los recursos humanos hasta las ventas, desarrollo de productos y las finanzas, a menudo trabajaba 16 horas al día durante semanas. Después llegaron las tensiones involucradas con hacer escalar una pequeña empresa hacia una operación global, añadiendo docenas de nuevos empleados por semana y cambiando de oficinas cada cierto tiempo debido a nuestro crecimiento. Para un empresario, por supuesto, todos estos son buenos problemas que resolver. Pero yo no habría sido capaz de mantener la compostura y concentración en medio de este caos, sin tener por lo menos un poco de tiempo cada día para hacer ejercicio y, en particular, para el yoga.

Hacer ejercicios en la oficina no es una idea nueva. Pero es una práctica donde todos ganan –en términos de salud, moral y productividad– que creo que merece ser puesto en el centro de atención una vez más. Teniendo en cuenta lo común que son los males cardíacos y otras enfermedades crónicas, no es una exageración decir que nuestro futuro –como personas, empresas y sociedades sanas– puede depender de ello.

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