Héctor Solís, el chef que prefirió la investigación sobre las franquicias

El cocinero está a punto de inaugurar su quinto restaurante en el país. Solo cruzaría las fronteras si cada día consiguen proveerlo de ingredientes locales.

Héctor Solís estudió Economía y, posteriormente, Cocina en Le Cordon Bleu.

Por: Sandra Vargas Gutiérrez

El cebiche de Héctor Solís es único en el mundo. Primero, por el valor de sus experimentadas manos, que este 2016 cumplieron 20 años a cargo de “Fiesta”, de Lima.

Y, segundo, por la rigurosa fusión de los ingredientes a los que recurre: mero murique de Puerto Veleros (que llega todas las mañanas a Lima en avión), limón de Tambo Grande, cebolla de Camaná, y ajíes y culantro de una cosecha propia de Monsefú. Así prepara el plato más solicitado en su restaurante.

Para el chef, la clave del éxito está en los insumos. Sin ellos, cuenta, su cocina perdería la esencia: “No habría más cocina de Héctor Solís porque en ellos está el valor”.

Esta, básicamente, es la razón por la que el cocinero no busca franquicias en otros países. “Cuando algún inversionista se me ha acercado, le he dicho que puedo trabajar en Chile o en Miami, pero si llevan el pescado local del día en avión. Y que el plato cueste lo que tenga que costar”.

Pero los trámites sanitarios, entre otros papeleos, han imposibilitado que su emporio cruce las fronteras.

Su gran misión
A Solís no le quita el sueño la internacionalización. Su plan es quedarse en el Perú, abrir su quinto restaurante y trabajar en la evolución de su cocina.

“Yo no salgo de mi país porque he tomado un camino distinto: quiero quedarme en mi cocina, viajar por el Perú, conocer más los productos e integrarlos. Si mañana descubro mejores ingredientes que los que hoy conozco, los integraré a mi carta, cueste lo que cueste”.

Cambio en el podio
“Fiesta” ha formado parte del ranking “50 Mejores Restaurantes de Latinoamérica” en los últimos cuatro años, pero con un descenso: en el 2013 ocupó el puesto 14; en el 2014, el 20; en el 2015, el 31; y este año, el 34. Y lo mismo ocurrió con “La Picantería”, su otro restaurante. En el 2014 fue nombrado en la posición 20, en el 2015 estuvo en la 31 y en el 2016 fue retirado de la lista.

¿Qué ocurrió? Solís es contundente con su respuesta: “Este ranking hay que trabajarlo y yo no lo hago. Yo no concurso. Así de sencillo”.

El chef no planea viajar alrededor del mundo para buscar votantes ni participa en congresos. Él prefiere concentrarse en su cocina, aunque reconoce que le emociona seguir destacando en el ranking.

“No hago nada para aparecer ahí y, pese a eso, mis dos marcas estuvieron presentes. Estoy ahí y eso significa que alguien se acuerda de mí y de mi comida, pero esto no es prioridad”.

En cambio, “Fiesta” sí lo es y las cifras lo respaldan: cada día recibe a unos 200 comensales, a quienes busca cautivar desde el primer bocado con sus platos.