The Economist: Jaime Saavedra y un 'pequeño acto de suicidio nacional' en el Perú

¡Viva la ignorancia! Para The Economist, la salida de Jaime Saavedra ilustra el círculo vicioso que dificulta las políticas sostenibles en las democracias latinoamericanas.

Jaime Saavedra. (Foto: Andina)

Por: Redacción Gestion.pe

Durante la mayor parte de este siglo, el desempeño de la economía peruana ha sido sobresaliente: el ingreso per cápita se ha duplicado en los últimos doce años. Pero la educación no ha podido seguirle el ritmo. En el 2012, el Perú se ubicó en el último lugar entre los 65 países que participaron en el Programa de Evaluación Internacional de Estudiantes (PISA), que califica las competencias de lectura, matemáticas y ciencias de jóvenes de 15 años.

Afortunadamente, el Perú luego encontró a un destacado ministro de Educación. Jaime Saavedra, un economista cuya madre era profesora, pasó diez años en el Banco Mundial hasta ascender al puesto de vicepresidente para reducción de la pobreza. Nombrado hace tres años en la cartera de Educación, Saavedra fue el único ministro que mantuvo su cargo cuando Pedro Pablo Kuczynski reemplazó a Ollanta Humala como presidente del Perú en julio pasado.

Como parte de su trabajo, Saavedra generalizó un plan piloto previo que vincula la remuneración de los maestros con su desempeño, reformó el sistema de capacitación de los maestros y la administración de las escuelas, y comenzó un programa intensivo para restaurar las deterioradas instituciones educativas. También abogó por una ley aprobada en el 2014, que por primera vez sometió a las universidades a estándares mínimos de probidad y resultados educativos.

La gestión de Saavedra ha dado resultados. El rendimiento en las pruebas nacionales ha aumentado considerablemente. Las últimas cifras de PISA, divulgadas el 6 de diciembre, confirmaron esta tendencia: el Perú registró la mayor alza en América Latina y la cuarta mejor del mundo. Lejos de celebrar este logro, al día siguiente la oposición mayoritaria en el Congreso peruano sometió a Saavedra a un interrogatorio de 11 horas, conducido con los modales de un bravucón de patio de recreo. El 15 de diciembre el Congreso censuró al ministro Saavedra.

Las aparentes razones fueron un retraso en los preparativos para los Juegos Panamericanos que se celebrarán en Lima en el 2019 (el Ministerio de Educación maneja el deporte en el país) y la supuesta corrupción en la compra de computadoras por parte del ministerio. Saavedra negó de manera convincente tener conocimiento y responsabilidad por estos problemas. Entonces, ¿por qué Fuerza Popular, el principal partido de oposición, es tan hostil con él? Muchos comentaristas políticos atribuyen esto a los vínculos que varios de sus legisladores tienen con universidades que son negocios lucrativos pero que ofrecen poco valor a los estudiantes y se enfrentan a un nuevo escrutinio bajo la ley que las regula (aunque esto también se aplica a algunos legisladores progubernamentales).

La sesión del Congreso (07/12) fue notable por su mezcla de ignorancia y mala fe. Un legislador afirmó que las pruebas PISA, organizadas por la OCDE, un club de países principalmente ricos, eran una “cortina de humo” y un “negocio” pagado por el ministerio de Saavedra. Otros dijeron que las pruebas PISA fueron “adulteradas” o un ejercicio de guerra psicológica. Esto es una tontería: incluso los críticos más severos de la prueba PISA aceptan que se lleva a cabo correctamente.

La censura de su mejor ministro por motivos tan espinosos es un desafío frontal al presidente Kuczynski, a menos de cinco meses de haber asumir el poder, demostrando la debilidad de su mandato. Kuczynski derrotó a Keiko Fujimori, líder de Fuerza Popular, por solo 50,000 votos de 18 millones, después de que la campaña de Fujimori se viera afectada por un escándalo de último minuto. Su sorprendente derrota fue un gran golpe; no ha hablado con Kuczynski desde las elecciones. Él llegó a la segunda vuelta después de que otros dos candidatos fueron descalificados por razones cuestionables. Su partido tiene solo 17 de los 130 escaños en el Congreso, mientras que Fuerza Popular tiene 72.

Kuczynski pudo haber convertido el futuro de Saavedra en una cuestión de confianza para el gabinete en su conjunto. Si los parlamentarios niegan su confianza a dos consejos de ministros, la Constitución peruana le da al presidente el derecho de disolver el Congreso y convocar una nueva elección legislativa. Pero esto nunca ha sido puesto a prueba, y Fuerza Popular insinuó que podría contraatacar al declarar vacante la presidencia.

El 13 de diciembre, Kuczynski anunció que había rechazado este curso, pidiendo un diálogo con la oposición. Él podría buscar una coalición con Fuerza Popular, invitándolos a ocupar puestos en el gabinete. Pero eso consternaría a muchos de sus partidarios, que votaron por él solamente para rechazar a Keiko Fujimori, cuyo padre gobernó de forma polémica el Perú como autócrata en los años noventa y está cumpliendo sentencias de cárcel por corrupción. La alternativa puede ser someterse a años de acoso del Congreso por una oposición con la intención de mostrar su poder.

En cuanto a Saavedra, su salida ilustra el círculo vicioso que dificulta las políticas sostenibles en las democracias latinoamericanas. Fuerza Popular tiene demasiados oportunistas que ven un estado --que desde hace mucho no ha podido brindar servicios públicos apropiados-- como una mina a ser explotada para obtener beneficios privados. Que el partido represente a tantos peruanos en parte implica el atraso educativo del país. Una mejor educación no es garantía de una democracia de mejor calidad, pero sin duda ayuda y es esencial si el Perú quiere crecer de forma verdaderamente próspera.