Estos son los diez mejores zapateros del siglo XXI

FOTOGALERÍA. En un momento en que la artesanía se valora como nunca antes, múltiples comercios y marcas ofrecen zapatos “a medida”. Sin embargo, son muy pocos los que hacen zapatos verdaderamente excepcionales, cosidos a mano y confeccionados atendiendo únicamente a las medidas de cada uno de los pies y no, como suele ocurrir, siguiendo unas hormas más o menos estándares. La perfección hoy alcanzada tanto en el diseño como en la ejecución de zapatos a medida de algunos zapateros artesanos que mantienen la técnica de siglos pasados pone a disposición de sibaritas de medio mundo zapatos nunca antes vistos. (texto: Expansión)

George Cleverley. Definidos por el actor Jason Statham como "los mejores zapatos del planeta", por sus manos pasaron los pies de Winston Churchill, Gary Cooper, Clark Gable y Humphrey Bogart. Hoy su hijo, George Cleverley, y el director creativo George Glasgow siguen ofreciendo zapatos a medida. A su línea bespoke, de líneas clásicas inglesas, sumaron hace algunos años otra de confección más económica.
John Lobb Bootmaker. Es importante no confundir esta casa londinense artesanal con los zapatos industriales que también bajo el nombre de John Lobb comercializa el grupo Hermès por medio mundo. Con dos distinciones reales, la casa más mítica de zapatería artesanal abrió sus puertas en 1866 ha resistido dos guerras mundiales y cinco bombardeos. En sus estancias han desnudado los pies Enrico Caruso, Dean Martin, Aristotle Onassis y el príncipe Carlos. Hoy Jonathan Lobb, quinta generación de Lobb, sigue cosiendo desde el histórico número 9 de St. James Street únicamente zapatos a medida.
Foster & Son. Casa británica fundada en 1840, es de las pocas zapaterías históricas que sigue en manos privadas. Sus zapatos de sport a medida le otorgaron fama mundial entre elegantes consagrados como Clark Gable. Sus botas altas a medida son objeto de culto y los 12 meses de espera un requisito ineludible para poder presumir de contar con uno de sus modelos bespoke. Fiel al estilo más british del West End hoy hace tanto zapatos a medida como de confección.
Anthony Delos. Formado en las filas de John Lobb, Anthony Delos deja en 2012 su carrera de zapatero independiente para unirse a las filas de la casa francesa Berluti y convertirse en responsable de sus nuevas hormas, la formación de jóvenes aprendices y la toma de medidas al nuevo cliente ruso, árabe y japonés. A pesar de su agenda de viajes, aún sigue haciendo un par de zapatos al mes; zapatos por los que se permite el lujo de cobrar cifras de cinco dígitos, considerado uno de los mejores hormeros del mundo.
Hidetaka Fukaya. Mientras los británicos Jonathan Lobb o Jon Spencer son reconocidos por dar vida a zapatos clásicos artesanales, Il Micio, apodo como se conoce a este joven japonés, se centra en conseguir zapatos que destacan, además de por su calidad artesanal, por su rompedor diseño; diseño donde unas afiladas punteras dejan claro quien está detrás de su creación. Afincado en Florencia, aprendió el oficio de Alessandro Stella y hoy sus doble hebilla, sus botas balmoral y sus mocasines son objeto de deseo entre los nuevos dandies
Benjamin Klemann. Representa la unión de los dos métodos artesanos más longevos y reconocidos de la zapatería a medida: el inglés y el húngaro. De hecho, sus modelos Oxfords son muy similares a los británicos y sus Derbys tienen el aspecto algo armado y basto de la zapatería húngara. Aprendió el oficio bajo las órdenes del húngaro Julius Harai para continuar formándose en Londres con Eric Lobb (John Lobb) y con Terry Moore (Foster & Son). Hoy en su taller de Hamburgo sólo se confeccionan zapatos a medida. Si bien estos no cuentan con el cuidado diseño de los de sus colegas italianos o franceses, sí ofrecen una enorme calidad y una estética atemporal.
Nicholas Templeman. Es uno de los principales representantes de la más pura tradición del West End londinense, donde la horma, el montado y el cosido se hace todo a mano y sólo el cosido de los cortes a máquina. Trabajó para John Lobb siete años especializándose en la realización de las hormas, siguiendo la misma técnica de hace 500 años, extrayéndolas de un bloque de madera todavía alejado de la horma final (hoy lo normal es retocar hormas tipo, algo que resta autenticidad al zapato final). Su sensibilidad con el diseño es licenciado en arte consigue zapatos de preciosa factura. En contra de lo que es frecuente, realiza la práctica totalidad del zapato, lo que le obliga a una producción limitada pero muy demandada.
Yohei Fukuda. Japón es, con Italia y Francia, el país donde la zapatería ha alcanzando mayores cotas de belleza. Yohei, con sólo 35 años, ya ha trabajado para dos grandes nombres de Londres: Edward Green y Cleverly. La línea conservadora de ambas casas le animó a abrir su propio taller en Tokio en 2007 con propuestas más atrevidas. Sólo sus manos y las de un aprendiz dan vida a sus 60 pares anuales. A diferencia de otros artesanos, hace el zapato de prueba con la misma piel que el final, montando este sólo cuando el cliente está conforme con todas las medidas.
Masaru Okuyama. Después de graduarse en arte, este joven japonés 40 años pasó un tiempo en el mundo de la joyería hasta que llamó a la puerta de la escuela de zapatería de Tokio. Tras dos años de formación se subió a un avión que aterrizó en París donde empezó a realizar zapatos en el garaje de su casa. El amor le condujo a Hong Kong habilitando el balcón de su nueva casa para perseguir su sueño. Trabajar sólo la línea a medida y combinar elegancia francesa con simplicidad inglesa le ha valido un reconocimiento impensable para un zapatero hecho a sí mismo.
Stephane Jimenez. Este francés, formado durante siete años en la conocida organización francesa Compagnons du Tour de France, pasó por las filas de John Lobb Paris y de Stefano Bemer antes de abrir su propio taller. Actualmente, ayudado únicamente por su mujer, trabaja sólo "under appointment" un número clausus de 15 pares al año, algo que obliga al cliente a tener que realizar su encargo con años de antelación. La perfilada punta de sus zapatos recuerda en cierta medida a la de su maestro florentino.

Por: Redacción Gestion.pe