Algunos robots aprenden a entregar pizza, otros salvan vidas

Todo comenzó hace más de 20 años cuando se creó la división robótica de Northrop Grumman como un fabricante de máquinas que movían materiales radiactivos en los laboratorios de investigación del gobierno de EE.UU.

Ian King de Bloomberg revisa un robot de Northrop Gruman. (Foto: Bloomberg)

Por: Redacción Gestion.pe

(Bloomberg).- Mientras Silicon Valley hace alarde de nuevos robots que le dan la bienvenida en el aeropuerto, le entregan Cheetos en su habitación de hotel o le traen una pizza a toda velocidad, otras máquinas han realizado durante décadas trabajos más serios.

Tomemos, por ejemplo, los productos de Northrop Grumman Remotec. La división robótica del contratista de defensa se creó hace más de 20 años como fabricante de máquinas que movían materiales radiactivos en los laboratorios de investigación del gobierno.

A partir de ahí, los dispositivos se convirtieron en asistentes para la eliminación de bombas, y fueron enviados a otras situaciones que el ejército o la policía consideraban demasiado riesgosos para los humanos.

A los robots de Remotec también se les dio la habilidad de forzar la portezuela de un automóvil, olfatear productos químicos peligrosos, cortar el chaleco de un suicida, lanzar un explosivo con agua para volverlo seguro y disparar armas contra personas. Pueden ver en la oscuridad, subir escaleras, comunicarse con rehenes y tomadores de rehenes, y levantar con facilidad un peso mayor que el de una persona promedio.

Además de su utilización en Israel e Irak por el ejército, más de 400 departamentos de policía en los Estados Unidos los tienen. Northrop Grumman calcula que el número aumentará a medida que se incrementen las amenazas percibidas, generando una demanda de robots más potentes y capaces.

En el caso de la Patrulla de Carreteras de California (CHP por su sigla en inglés) y otras agencias policiales de todo el país, los robots fueron una de las herramientas que adquirieron después de los ataques terroristas del 11 de setiembre del 2001.

El equipo de CHP encargado de mantener a salvo el capitolio estatal utiliza un robot de Northorp Grumman que adquirió en el 2005 para la eliminación de bombas y otras tareas de seguridad.

“Desafortunadamente, hay tipos malos que ponen o fabrican estas cosas, y nos ven y ven lo que hacemos en términos de cómo manipulamos estos paquetes, y están tratando continuamente de encontrar formas de burlar nuestra tecnología”, dijo el sargento Dave Kessler, quien encabeza la unidad de eliminación de bombas de CHP.

“La necesidad de esta tecnología existe, y siempre está la necesidad de tecnología avanzada, más avanzada”.

En un curso sobre ataques en la parte trasera de la planta de Northrop Grumman en Clinton, Tennessee, el último robot, el FX, subió escaleras y pasó con facilidad a través de espacios estrechos, a pesar de su volumen de 900 libras.



[Un robot de eliminación de bombas usado por la Policía de Carreteras de California. Foto: Bloomberg]

Construido gracias a la retroalimentación de los clientes, es mucho más grande que los anteriores y tiene un brazo capaz de una articulación que es casi como de ballet --incluso al levantar la portezuela de un auto tomando el delgado marco de ventana.

“Antes, un robot podía levantar normalmente 100 libras”, dijo Walt Werner, director de Northrop Grumman Remotec. “Algunas de las bombas que se han puesto en automóviles son mucho más pesadas.” La bomba colocada en Times Square de Nueva York en el 2010 era demasiado pesada para que los robots pudieran levantarla, señaló.

Es un trabajo peligroso, aun para robots. Cuando el FX fue lanzado al campo de pruebas, pasó un modelo más viejo que todavía exhibía el daño que soportó al tratar de desactivar una bomba en Elizabeth, Nueva Jersey, en 2016. La compañía está orgullosa del récord de sus robots en salvar vidas.

Los ingenieros están de guardia noche y día para diagnosticar problemas y asegurarse de que los robots estén siempre disponibles para los clientes en caso de emergencia. También restauran las máquinas dañadas aun cuando su reparación resulta económicamente costosa, porque sus propietarios se han encariñado con ellos y quieren tenerlos nuevamente.