Editorial de Gestión: El perdedor del gasoducto

¿Qué se perdía con esperar dos semanas en un proyecto que lleva años en espera y que ya fue postergado varias veces? Probablemente nada.

Por: Redacción Gestion.pe

DUDAS. Hace tres días se anunció al consorcio ganador de la concesión del Gasoducto Sur Peruano. A partir de ahí, se ha ido trasluciendo también el mayor perdedor, que no es ninguno de los dos postores que quedó fuera de competencia, sino el Estado peruano.

Justo después de la licitación de la Línea 2 del Metro de Lima, que terminó con un solo postor, escribimos un editorial acerca de cómo este desenlace, que es sumamente repetitivo en los procesos de ProInversión, es el menos deseable para el país y, además, despierta una serie de dudas respecto al trabajo del ente promotor. Todo, con la ilusión de que no vuelva a ocurrir lo mismo con el Gasoducto Sur Peruano. Dijimos en esa oportunidad que, para este caso, “sería una tragedia terminar con un solo postor”. Pero, claro; volvió a ocurrir.

Primero, la compañía Energy Transfer, uno de los tres precalificados, solicitó a ProInversión postergar la fecha de entrega en 15 días para poder culminar los procesos de aprobación interna de su oferta económica y técnica. ProInversión nunca contestó.

¿Qué se perdía con esperar dos semanas en un proyecto que lleva años en espera y que ya fue postergado varias veces? Probablemente nada. Incluso en alguna ocasión en la que se acusó al Estado de abusar de las postergaciones (debido a los cronogramas poco realistas que se imponen al inicio), el exministro del MTC Carlos Paredes dijo que “lo inteligente y lo responsable es postergar las concesiones las semanas que sean necesarias para obtener mejores propuestas”. Curiosamente, para el proyecto más grande de la historia del país, no se aplicó este razonamiento que tantas veces ha gobernado en ProInversión.

Después vino la descalificación a última hora del segundo postor (Consorcio GPS) por un cambio en la composición de su accionariado. Acá, el consorcio GPS cometió un error que podía ser fácilmente evitado; sin embargo, dada la magnitud del proyecto –y siempre teniendo en cuenta que la situación menos deseable para el país es que quede un solo postor- se ha podido extender el tiempo para evaluar la nueva composición societaria.

Al final no solo perdimos ofertas más económicas para la construcción del proyecto sino también reputación como país al llevar a cabo procesos de gran envergadura de manera poco transparente. Y de forma reiterativa.