Editorial: Cuando menos es más

“La labor del legislador y de todos los funcionarios es facilitar el cumplimiento de las normas”.

(Foto: USI)

Por: Redacción Gestion.pe

Tramitomanía El exceso de trámites siempre ha sido una queja a nivel empresarial. Sin embargo, el proceso electoral está dejando en evidencia que este problema escapa del ámbito económico y afecta a todos los ámbitos de la vida de los ciudadanos.

Las leyes vigentes deben cumplirse , ya sea que se trate del ámbito electoral, tributario, laboral, administrativo, o cualquier otro. Sin embargo, la labor del legislador y de todos los funcionarios que emiten normas es facilitar el cumplimiento de las mismas por parte de los ciudadanos, y para ello es fundamental que las normas sean, primero, fáciles de entender y, por otro lado, sencillas de ejecutar (en la materia electoral ha sido claro que ninguno de esos criterios se cumple).

Este es un precepto que se olvida con regularidad, pues las normas en el Perú requieren “ser traducidas” y, peor aún, existe un exceso de trámites y requisitos, algunos muy complejos, o repetitivos, que deben ser realizados sin que existan mayores fundamentos para los mismos.

Esta situación queda más en evidencia cuando se trata de emprender un negocio y se presenta tanto a nivel de las personas naturales como a nivel de las personas jurídicas, y mientras más importante el emprendimiento mayores son las dificultades, como si se tratará de impedir que pudieran ver la luz.

Según cifras de la Asociación para el Fomento de la Infraestructura Nacional (AFIN), hay proyectos de inversión que antes de operar necesitan tramitar más de 4,000 permisos.

Un punto importante que los legisladores deben tener presente es que la falta de claridad y el exceso de trámites no solo retrasan las inversiones y la puesta en marcha de proyectos vitales para la recuperación de la economía, sino que se convierten en caldo de cultivo para la corrupción , pues no faltan funcionarios prestos a ofrecer su ayuda a cambio de alguna dádiva y empresarios dispuestos a pagar para saltarse las normas.

Dado que los candidatos a la presidencia están viviendo en carne propia los problemas de la tramitomanía, cualquiera que gane debería tenerlo como punto primordial en su agenda de trabajo.