El-Erian: Qué nos enseñó el bitcoin la semana pasada

La vulnerabilidad del sector a las acciones gubernamentales, incluyendo la decisión de China la semana pasada de prohibir ciertas ofertas y sus amenazas de imponer regulaciones más estrictas.

Por: Redacción Gestion.pe

Bloomberg.- La semana pasada fue relativamente agitada para bitcoin, la criptomoneda que ha estado captando cada vez más atención de parte de inversionistas, especuladores y reguladores.

La considerable volatilidad de los precios se acentuó por las reacciones a los comentarios (algunas constructivas y otras no tanto) sobre una “tecnología disruptiva” que responde a las necesidades específicas del cliente, está aquí para quedarse y probablemente obtendrá una mayor influencia sistémica, pero que todavía se encuentra en una etapa temprana en su proceso de maduración y está sujeta a sufrir shocks localizados e interferencia repentina del gobierno.

Tal vez una de las maneras más útiles de pensar en el bitcoin (y el número creciente de otras criptomonedas) es como una innovación que reduce las barreras para ingresar a un sistema de pagos fuera del ámbito directo y los auspicios de los bancos centrales y la mayoría de las entidades oficiales.

Sus admiradores y defensores quieren que el fenómeno vaya asumiendo las características clave de un “dinero” confiable y efectivo y que vaya más allá de lo que ofrecen los metales preciosos para incluir las tres características de ser un medio de intercambio entre pares, un depósito de valor y un vehículo para la cobertura de riesgos y la especulación legítima.

En este contexto, la semana pasada ilustró lo siguiente:

• La considerable brecha en la aceptación de las criptomonedas que todavía existe hoy, incluyendo advertencias de que no son más que una “moda” pasajera o, lo que es peor, un “fraude”.

• La vulnerabilidad del sector a las acciones gubernamentales, incluyendo la decisión de China la semana pasada de prohibir ciertas ofertas y sus amenazas de imponer regulaciones más estrictas.

• El potencial de que se produzca una volatilidad considerable de precios que, en el transcurso de apenas tres días la semana pasada, hizo que el valor de los bitcoins se desplomara en un 40% para luego repuntar más del 25% desde sus mínimos.

Estos tres elementos no sólo resaltan los retos que enfrenta la visión más optimista de las criptomonedas. También señalan el riesgo de que, por más que sea difícil valorar la divisa de un modo confiable, parte de la impresionante alza de este año en el precio de los bitcoins podría estar asumiendo una tasa de adopción que supere lo que es factible y deseable en el corto plazo.

Tomará tiempo para que las criptomonedas desarrollen la profundidad y la estabilidad de una base de usuarios dedicada que respalde el crecimiento previsto de su participación en el sistema de pagos, así como su uso como vehículos de acumulación y cobertura.

También tomará tiempo que los gobiernos y las autoridades monetarias comprendan toda la gama de costos y beneficios de esta nueva plataforma y establezcan un enfoque de regulación y supervisión coherente. Es igualmente importante destacar, sin embargo, que esto no implica que el bitcoin y otras criptomonedas vayan a desaparecer, como algunos han advertido.

La interpretación más probable es que todavía estamos en una fase muy prematura de un posible proceso de transformación de las divisas que no solamente se limita al deseo de algunos de contar con una gama más amplia de “dinero” creíble.

Las criptomonedas, que aprovechan las innovaciones tecnológicas que prometen una mayor eficiencia y que probablemente se profundizarán con el transcurso del tiempo, también son una respuesta al fenómeno más amplio de descontento con las instituciones existentes, públicas y privadas.

Se trata de una dinámica que no solamente ha llevado a decepciones y a la erosión de la confianza, sino que también ha generado una sensación más generalizada de marginación y alienación en ciertos segmentos de la sociedad.

Por el momento, las dimensiones operativas de las criptomonedas involucrarán principalmente actividades especulativas, quedándose con una pequeña parte de la base de inversionistas de metales preciosos y satisfaciendo la demanda de quienes buscan, por razones legales e ilegales, un sistema de pagos que opere al margen de la vista y el alcance de las autoridades monetarias.

Como tal, debemos esperar una alta y continua volatilidad de precios en un contexto de persistentes y marcadas diferencias de opinión sobre lo que se avecina.

A más largo plazo, probablemente surja una plataforma más estable y regulada. Complementará, pero no reemplazará, el sistema tradicional gestionado por los bancos centrales.