Comunidades rurales de Cusco recibieron asesoría para salir de la extrema pobreza

El 19% de los niños de las zonas rurales vive en extrema pobreza. Plan Internacional, IPA y la Asociación Arariwa, trabajaron con los productores de las comunidades de Canas y Acomayo en cómo mejorar sus ingresos.

ONG Plan Internacional capacitó a los productores de Cusco.

Por: Mía Ríos

Pese a que los índices muestran que el número de familias que vive en extrema pobreza se ha reducido, más de un quinto de la población global subsiste con menos de US$ 1.25 al día.

Esta situación no es ajena en nuestro país, ya que según información de la ONG Plan Internacional, en el Perú más del 60% de niños en el área rural son pobres de los cuales el 19% vive en extrema pobreza.


Si bien muchas de estas familias viven de los ingresos que les da la actividad agrícola, no son los suficientes para garantizar una calidad de vida básica.

Esto ha motivado a muchas organizaciones no gubernamentales e internacionales a brindar su apoyo a través de programas que promueven una transición hacia métodos de subsistencia que proporcionen mayor estabilidad y seguridad como el caso de Plan Internacional.

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Sin embargo, para estar seguros que el impacto de dichos programas consiguieron resultados positivos para la comunidad, los investigadores de Innovations for Poverty Action (IPA), en alianza con el Plan International y la Asociación Arariwa realizaron una investigación que se enfocó en los hogares de las comunidades rurales de Canas y Acomayo, en Cusco.

En la primera fase del programa se seleccionaron a los miembros más pobres de las comunidades. Para esto, el equipo del proyecto llevó a cabo un ranking participativo de riqueza, en el que los pobladores colectivamente clasificaron los hogares de acuerdo a su riqueza durante una reunión comunitaria, contó Dean Karlan, presidente de IPA e investigador del programa.

En la mitad de las comunidades, se decidió de manera aleatoria qué hogares serían receptores del programa. Los hogares que no eran beneficiarios pero tenían vecinos que sí lo eran, sirvieron como un subgrupo de comparación para medir el impacto del programa. Luego, la Asociación Arariwa llevo a cabo una breve encuesta para verificar los resultados del ranking.


Casi todas las familias en el estudio criaban ganado y trabajan en agricultura de subsistencia, cultivando una amplia gama de cultivos como papas, habas, trigo, cebada, entre otros.

“Se llevó a cabo una evaluación aleatoria para medir el impacto de los modelos de graduación de la pobreza extrema en la vida de las personas. Estos modelos buscan dar una solución integral a la situación que están enfrentando las familias, y si bien no son los únicos resultan una opción factible para enfrentar el problema”, explicó el investigador.

Explicó que el programa consistió de seis componentes complementarios diseñados para abordar restricciones específicas enfrentadas por hogares en situación de pobreza extrema:

1. Transferencia de activos productivos. Una sola transferencia de un bien productivo valorizado en S/. 1,200. “La gran parte de los participantes (64%) escogieron cuyes, un cuarto escogió gallinas (25%), y un número reducido escogió ganado (4%)” precisó.

2. Capacitación en habilidades técnicas. Capacitación sobre cómo manejar un negocio, así como, sobre el activo productivo seleccionado. “Por ejemplo, los hogares que escogieron ganado fueron capacitados en cómo criar el ganado, incluyendo temas vinculados a vacunas, alimentación y tratamiento de enfermedades”.

3. Apoyo al consumo. El apoyo alimenticio regular es un componente del enfoque de graduación, pero en este estudio dicho apoyo no fue algo exclusivo al grupo de tratamiento. Los hogares que no estaban inscritos en el programa Juntos recibieron mensualmente transferencias en efectivo de S/. 100, mientras que los hogares inscritos en Juntos recibieron transferencias en efectivo de S/. 200.

4. Educación en salud. Información sobre nutrición, prácticas saludables y salud prenatal las cuales se dieron durante las sesiones de capacitación.

5. Cuenta de ahorros. Se alentó a los hogares a abrir cuentas de ahorro en el Banco de la Nación o depositar sus ahorros grupales en Arariwa Microfinanzas.

6. Visitas al hogar. Cada seis meses y durante un periodo de 24 meses, el personal de Arariwa llevó a cabo visitas a los hogares para ofrecer coaching o acompañamiento y motivarlos, así como para asegurar un proceso de rendición de cuentas.

Finalmente Karlan precisó que por cada dólar invertido en el programa se tuvo un retorno de US$ 1.46 en más de un año, lo que demuestra que con la transferencia de recursos y la capacitación técnica se puede mejorar la calidad de vida de las personas más pobres de las zonas rurales.