Aumento del sueldo mínimo: populismo presidencial o justicia laboral

El gobierno del presidente Ollanta Humala dejará la remuneración básica con un incremento de 40% desde que asumió el cargo en el 2011. ¿Cuánto de matemáticas hay detrás de esta última medida prometida por casi todos los candidatos?

Por: Omar Mariluz

El presidente Ollanta Humala decidió aprovechar las últimas cartas de popularidad que le quedan y anunció el incremento del salario mínimo en S/ 100 a S/850 desde el primero de mayo, pero más allá de los apasionamientos, vale la pena preguntarse si esta medida lleva consigo un sustento técnico o solo se sostiene en un afán populista.

Para responder a la pregunta primero hay que analizar los factores que justifican un alza de la remuneración mínima vital en el país, como son el incremento de la productividad laboral o un avance sostenido de la inflación que merme el poder adquisitivo de las familias de menos recursos.

En el primer escenario, el director de Maestría en Economía de la Universidad del Pacífico, Juan Mendoza sostiene que la productividad laboral en los dos últimos años prácticamente no ha crecido y en lo que va de este gobierno anotaría un avance menor al 10%, por lo que este incremento no sería justificable.

“Es difícil medir la productividad laboral porque uno utiliza datos agregados, pero en general se estima que ha estado creciendo entre 1.5% y 2% anual en los últimos 10 años, aunque en los últimos dos ha dejado de crecer por la desaceleración económica”, detalló Mendoza.

El Instituto de Economía y Desarrollo Empresarial (Iedep) de la Cámara de Comercio de Lima presentó a inicios del 2015 un informe sobre la productividad laboral total del Perú (medida a partir del número de trabajadores) y mostró que en el 2014 logró un escaso crecimiento de 0.5% y se esperaría una cifra similar para 2015.


En tanto el salario mínimo ha tenido una evolución más dinámica en estos cinco años. Solo al mes de asumir el cargo el presidente Humala decretó un aumento de S/75 a S/ 675 y en junio del 2012 efectuó otra alza de S/75 hasta S/ 750. Pero con su reciente anuncio, este gobierno dejará la remuneración mínima con un incremento de 40% al pasar de S/600 a S/ 850, muy por encima de la evolución de la productividad.

Efecto inflación
Desde la mirada de la inflación este último incremento del salario mínimo tendría algo más de sustento. Francisco Grippa, economista principal de BBVA Research para Perú sostiene que esta última alza les devuelve a los trabajadores el poder adquisitivo que vienen perdiendo por el alza de precios desde el 2012.

Desde junio del 2012, última vez que se incrementó el salario mínimo a S/750, los precios al consumidor han subido alrededor de 13% hasta la fecha, el mismo porcentaje en que aumentará la remuneración básica para los trabajadores desde el primero de mayo.

“Al final del día el ajuste ha sido básicamente por inflación. Se ha recuperado el poder adquisitivo que empezó a perder a mediado del 2012 pero quizá ese nivel ya era muy alto porque complicaba la formalización”, mencionó.
Ambos economistas creen que esta medida desincentivará la formalización de las pequeñas y medianas empresas, e incluso, llevará a la informalidad a muchas otras que no podrán enfrentar los mayores costos laborales.

Coyuntura adversa
El momento en qué se produce este incremento tampoco es el mejor. Mendoza cree que puede afectar la débil recuperación de la economía peruana, mientras que Grippa menciona que sectores importantes como comercio y servicios enfrentarán más de una complicación.

El efecto reactivador de esta medida, por el lado de incentivar la demanda, tampoco sería tal para el economista de la Universidad del Pacífico, dado que solo afecta al 2% de PEA o 200,000 trabajadores. Aunque de acuerdo al Ministerio de Trabajo el nivel llega 12.6% o 416,896 trabajadores formales, mientras que un 7.3% perciben ingresos entre S/ 750 a S/ 850 mensuales.

En todo caso, la medida es bastante polémica dada la coyuntura actual de débil crecimiento económico y en medio de un proceso electoral en el que ninguno de los candidatos a la presidencia se atrevería a oponerse por el miedo de perder votos. Solo queda ver los índices de popularidad presidencial en los próximos meses.